Obama y el caramelo envenenado de Putin

Presidentes Barack Obama y Vladimir Putin

Los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Barack Obama y Vladimir Putin, durante la reciente reunión del G20.

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Por Húber Matos

Putin quiere lograr un acuerdo con Obama con una ventaja similar al queKruschev obtuvo de Kennedy durante la crisis de los cohetes en 1962.   En octubre de ese año los rusos lograron que los Estados Unidos se comprometieran a no poner en peligro al régimen castrista  a cambio de la retirada de los misiles soviéticos de Cuba. Ahora Putin ofrece el desmantelamiento de las armas químicas en Siria con el propósito de asegurarse la permanencia en el poder de su aliado Bashar al-Assad.

En 1962 en forma subrepticia los rusos habían instalado en Cuba cohetes que amenazaban la seguridad de los Estados Unidos.  Washington descubrió las instalaciones en la isla y desplegó un bloqueo naval que impedía la llegada a Cuba de varios barcos rusos que navegaban hacia Cuba con más misiles, además exigieron el desmantelamiento y retirada de los ya instalados.

Como parte del acuerdo entre Washington y Moscú el gobierno soviético se comprometió a desmantelar y  retirar los misiles en Cuba si Kennedy levantaba el bloqueo naval de la isla, retiraba sus cohetes de Turquía y no invadían a Cuba.  Estas últimas dos condiciones fueron aceptadas por Kennedy siempre y cuando se mantuvieran en secreto.

El hecho es que los Estados Unidos desde 1962 nunca han intentado derrocar ni ayudar a derrocar a la dictadura de Fidel Castro por mucho que este régimen ha tratado de presentar a Washington como su enemigo mortal e irreconciliable.

Durante todo este tiempo los gobiernos de los Estados Unidos y la dictadura castrista han mantenido conversaciones publicas y secretas sobre diversos temas.  

La mayor parte de los fondos que Washington ha invertido en apoyo de la oposición democrática han sido concesiones políticas al electoralmente importante exilio cubanoamericano.

En la presente crisis, provocada por el uso de armas químicas por parte de la dictadura de Assad y por la decisión del presidente Obama de responder con un ataque, el Secretario de Estado John Kerry dijo en forma espontánea que si Assad renunciaba a su armamento químico se podría evitar tal acción militar de parte de los Estados Unidos.

En la sugerencia un tanto pesimista de Kerry, Putin encontró la fórmula para salvar a la dictadura de su aliado Bashar al-Assad como hizo Kruschev con Castro en 1962.  

Un ataque como el anunciado por Obama contra Assad podría ser devastador material y  moralmente para los  militares sirios y el apoyo prometido por Obama a los rebeldes garantizaría a la larga el fin de Assad.

Como Kruschev en 1962, ante esas perspectivas nada promisorias Putin no tenía otra alternativa que probar con un truco para salvar a Assad.

Se ha  asegurado de que el dictador sirio firmaría el tratado internacional contra la producción, almacenamiento y uso de armas químicas y las pondría bajo supervisión internacional si los Estados Unidos se comprometen a no atacar.  

Aunque no se mencione el fin de la ayuda a los rebeldes sirios se sobreentiende porque este tipo de acuerdo, como en el caso cubano, se trata en forma confidencial.

Todo parece muy sencillo.  Obama obtendría una victoria diplomática y política importantísima.  Putin quedaría como un hombre al que hay que tener en cuenta en el mundo, pero sobre todas las cosas su aliado Assad se quedaría en el poder.

Pero en el detalle esta el secreto, la supuesta renuncia de Assad al armamento químico  es un asunto complejo.  En primer lugar es un proceso que duraría años, aun si no existiera en Siria una guerra civil.

Hay armas químicas en lugares poblados y en conflicto, lo que hace su inventario e inspección una tarea peligrosa y complicada.

Hay armas químicas (binarias) cuyos componentes están almacenados en diferentes lugares.

Los dictadores tienen la tendencia a mentir. Hussein y Gadafi mintieron cuando declararon el inventario de armas similares.  Assad puede quedarse con armamento químico escondido y pensar que no lo va a hacer es desconocer a este tipo de individuos.

Un acuerdo en los términos de Putin inclinaría  al  gobierno de los Estados Unidos a preferir la moderación en la actividad de los rebeldes que luchan contra Assad.

Es la única forma de hacer posible la ejecución del convenio –el público y el secreto.  En otras palabras, la ayuda ofrecida recientemente por Obama a la oposición Siria podría desvanecerse.

El ajedrez no ha terminado, pero en estos momentos quienes pueden perder la partida son los rebeldes sirios.  Su suerte dependerá de Francia, de sus aliados regionales y de quienes en Estados Unidos apoyan el derecho de los sirios a la democracia.