"Caras vemos, corazones no sabemos": los secuestros en Cleveland

Lourdes del Río

La periodista Lourdes del Río relata su visión del caso en Cleveland

- Univision

Los padres de las secuestradas no perdieron la fé

Los seres humanos somos capaces de actos sublimes, de entregas totales basadas puramente en el amor, pero también tenemos un lado oscuro tan profundamente arraigado en nosotros que cuando se deja ver, cuando sale a la superficie, es capaz de actos inimaginables.

Esa dualidad humana es la que ha quedado al descubierto en el caso de los tristemente célebres secuestros de Cleveland, Ohio.

Por un lado tenemos a unos padres que nunca se dieron por vencidos cuando un día sus hijas desaparecieron. Louwana Miller estuvo convencida hasta el día del  fallecimiento que su hija Amanda Berry no había muerto, sabía que tenía una buena excusa para no haber regresado a casa, alguien se lo estaba impidiendo. Por eso buscó, reclamó, indagó hasta el día en que la muerte le ganó la partida.  Murió del corazón, dicen que ese órgano vital no aguantó más sufrimiento, y se apagó.

Pero Amanda no quedó desamparada, el resto de su familia continuó la lucha.

La familia de Gina de Jesús hizo lo mismo, su madre Nancy Ruiz y su padre Félix nunca sacaron el dedo del renglón. Preguntaron, reclamaron, rezaron, y volvieron a preguntar, pero su dolorosa búsqueda de10 años no tuvo frutos, hasta ahora.

Un amigo de la familia De Jesús me dijo que Félix y Nancy se envejecieron considerablemente en el proceso, que nunca se mudaron de casa porque quería que Gina siempre supiera dónde encontrarlos y que cada automóvil sospechoso que pasaba por su vecindario llamaba su atención, pensaban que en el podía venir Gina.

La otra cara de la realidad: Ariel Castro

Al otro lado de ese espectro de contradicciones que somos los seres humanos está Ariel Castro, un hombre que hasta el lunes 6 de mayo, parecía el vecino simpático y agradable que a todos nos gustaría tener. Chofer de autobuses escolares y músico por vocación, siempre saludaba con un cordial: ¡cómo están familia!  

Su habilidad para tocar el bajo le permitió participar en varias agrupaciones de salsa y llevar alegría a cientos de personas.  Por lo menos una vez salió en la televisión local, elegantemente ataviado, moviendo con gran destreza las cuerdas de su instrumento.

Pero ese que todos veían, ese que alegraba al barrio con su música, ese que según su hija era capaz de tomar un día libre en el trabajo para llevarla al mecánico, no sólo tenía un lado oscuro, sino muchos.

Por 10 años en el 2207 de la avenida Seymour, en el corazón de un vecindario trabajador en Cleveland, Ohio, cometió, según la policía, los crímenes más abominables que un ser humano pueda concebir. 

Es sospechoso de torturar, maltratar, morder, atar, encadenar, golpear sin piedad y violar a tres mujeres por una década.  Dos de esas mujeres eran Amanda Berry y Gina de Jesús, la tercera Michelle Knight, otra indefensa joven que habría sido secuestrada por Ariel Castro, un tiempo antes que lo hiciera con Amanda y Gina.   

Lo que vivieron estas mujeres fue una antesala al infierno.  No sólo las sometió a vejaciones inimaginables, sino que las dejaba ver la televisión para que supieran que, afuera de aquel encierro, de aquellas cuatro paredes, el mundo las seguía buscando, que los suyos seguían sufriendo por ellas. 

Más aún, cada año les compraba tortas de cumpleaños, obligándolas a conmemorar el día de su secuestro.  Era cuestión de control, de recordarles que él era y siempre sería su carcelero, el alfa y el omega de sus vidas.

En medio de golpes, constantes violaciones e insultos del sospechoso, Ariel Castro, Amanda Berry quedó embarazada y un día de navidad hace seis años, en medio de las peores condiciones nació su pequeña hija.

Durante este tiempo también Michelle Knight fue la que se llevó las peores  palizas, principalmente durante las 5 ocasiones en que estuvo embarazada de su captor.  Por alguna razón su victimario se ensañó aún más con ella, buscando que abortara. Le pegaba en el estómago y la llegóa dejar sin comer hasta dos semanas para que perdiera a las criaturas.

La historia de horror es interminable y ya los medios de comunicación la hemos repetido hasta el cansancio.  Estas cavilaciones que comparto hoy con ustedes no forman parte de una crónica, es simplemente el análisis interno que me han provocado los 6 intensos días que he pasado cubriendo esta horrible historia. 

Cada día antes de irme a dormir he pensado en esto.  Cómo los seres humanos podemos ser capaces de tanto amor y solidaridad, como el que demostraron durante estos 10 años los familiares de las  secuestradas y su comunidad, mientras otros pueden tener el nivel de maldad que se le imputa a este hombre, siendo él también padre, abuelo, amigo incluso de la familia de una de las víctimas.  

Simplemente escapa a mi entendimiento, no como periodista, sino como ciudadana del mundo, como ser humano.  Hoy más que nunca se hace bueno el refrán de: "caras vemos, corazones no sabemos".